Una encuesta realizada hace algún tiempo en Gran Bretaña concluía que para los interesados en temas culturales era importante implicarse en las artes a través de los nuevos medios. En este sentido, la tecnología está permitiendo que el fotógrafo aficionado, el cómico sin espectáculo o el escritor “maldito” puedan mostrar su trabajo a un nivel paralelo al del profesional. A veces incluso mejor: al no tener comprometidos ni el prestigio ni la supervivencia económica, pueden ser más libres y creativos. Por lo mismo, al no tener otros medios por los que expresarse, están aprendiendo en inventando formas distintas de usar los disponibles, y en algunos casos con mucho éxito. Los, hasta ahora, espectadores han pasado a convertirse en autores y el consumo de cultura pasa por públicos que han descubierto las mieles de la creación y su difusión masiva.

Un ejemplo es el denominado Fan fiction, reelaboración o continuación de libros, películas, juegos o programas de televisión por parte de sus propios seguidores. Otro ejemplo son algunas series concebidas para internet, capítulos de tres minutos, sin medios técnicos, que lo apuestan todo a la calidad o la estupidez de los diálogos, pero triunfan. Y ahí está el fenómeno meme, ideas, conceptos y situaciones replicadas por los internautas, como las múltiples versiones de la fallida restauración de Ecce Homo de Borja. La nueva cultura está siendo creada por nuevos actores que están descubriendo la participación activa, y seguramente ya no se conforman con menos.

Crear audiencias: facilitar relaciones entre personas, arte y artistas

Ante esto muchos de los viejos agentes culturales asisten impasibles mirando hacia otro lado, intentando mantener los viejos esquemas, paralizados ante la realidad, al tiempo que ven cómo la crisis económica se lleva por delante muchos años de trabajo y esfuerzo. Las organizaciones culturales tienen ante sí un gran reto que es también una gran oportunidad: emplear las herramientas tecnológicas para ponerlas al servicio de una más profunda y estrecha relación con sus públicos. Y al mismo tiempo incorporarlas a los procesos creativos, pensando en cómo interactuar con esas personas interesadas en la acción.

Ya hablamos aquí de la buena campaña que hicieron los productores del espectáculo El tiempo y los Conway en Facebook, pero hay muchos otros ejemplos de instituciones y empresas que se están adaptando a los tiempos que corren: museos que consultan con el público a través de las redes sociales lo que le gustaría ver; bibliotecas que preguntan en foros qué libros adquirir, o música creada por múltiples intérpretes, profesionales y aficionados, en distintas partes del mundo, como los coros de Eric Whitacre o este otro ejemplo:

Las nuevas tecnologías ofrecen múltiples posibilidades de relación que hay que inventar o reinventar. Atraer y fidelizar públicos puede ser facilitar su capacidad para contactar con nosotros, establecer cauces de comunicación mutua y permitirles involucrarse de alguna manera en nuestra actividad. Es decir, usar la tecnología para conocer más que para informar; para escuchar más que para hablar; para colaborar más que para ofrecer; para comprender las necesidades de los otros más que para explicar nuestras bondades.