Berlín es una ciudad para vivir más que para ver. No es especialmente bonita ya que la segunda guerra mundial, —de la que salió destrozada— y los avatares que siguieron a continuación hicieron que estética y arquitectónicamente deje mucho que desear. Sin embargo, su gente, su cultura callejera, la fauna urbana, su vida nocturna y el espíritu alternativo lo impregnan todo y eso puede ser más interesante que cualquier monumento. En pocos lugares pueden verse tan claramente las marcas de la historia como en este.

Está bien pertrecharse con una buena guía de viaje para los aspectos generales pero lo mejor para saber qué se cuece día a día son las revistas tipo Guía del Ocio. Hay una web en castellano, La berlinesa, que también se edita en papel coincidiendo con la temporada turística, de abril a octubre. Una buena referencia general es Berlin Información Turística.

Qué hacer

En Berlín se puede hacer de todo, como corresponde a una ciudad de unos cuatro millones de habitantes, pero especialmente lo relacionado con la cultura, ya sea la oficial o la underground, —este último aspecto mucho más interesante— y todo lo relacionado con un modo de entender la vida que podemos llamar alternativo. Especialmente en verano, pero durante todo el año, aunque el frío influye, la ciudad es un hervidero de conciertos gratuitos, manifas, performances callejeras, actividades, happenings, fiestas, y demás saraos. Son interesantes las exposiciones de artistas jóvenes improvisadas en cualquier parte (edificios okupas especialmente) las alucinantes sesiones de cine en los sitios más inverosímiles, con películas igualmente inverosímiles, o los teatros montados en cualquier descampado. Todo es cuestión de buscar un poco. Por supuesto, además, hay montones de museos de todo tipo, espectáculos de pago de primera calidad, el festival de cine, ópera, música clásica, étnica, o de cualquier otro estilo, y actividades habituales en las grandes ciudades.

Capítulo aparte son las visitas a los lugares que marcaron la historia más reciente de la ciudad, algo que no es tan evidente en otros lugares: Anhalter Banhof, la que fue estación más grande de Europa de la que sólo hay ruinas, los antiguos centros de poder nazi, o lo que queda de ellos, como el jardincito donde estuvo el bunker de Hitler, que no suele venir en las guías;  las marcas de la segunda guerra mundial, que aún hay muchas, y por supuesto, el muro, del que cada vez queda menos y no se sabe cuánto durará. Y también, claro, los restos del paraíso comunista.

Para lo grande que es Berlín es una ciudad fantástica para pasear. Hay grandes parques donde uno puede perderse un rato o tomar el sol, zonas peatonales y calles cargadas de historia y en cualquiera de estos sitios se puede encontrar algo especial. Tampoco está mal sentarse en una terraza y ver pasar a la gente mientras uno se toma una cerveza y come algo. Y para relax total, no hay que olvidar que la ciudad cuenta con una gran población turca, así que una visita a un hammam es posible.

Si se va con niños hay algunas actividades interesantes como el Kindermuseum Labyrinth, un espacio didáctico y de ocio donde podrán jugar a sus anchas o el enorme Museo de la Técnica, un lugar fantástico para que los reyes de la casa puedan tocar botones durante horas.  También hay actividades especialmente dedicadas a ellos en algunos parques.

A lo largo de esta miniguía iremos desgranando lo más interesante de cada barrio de la ciudad.


Recomendaciones para documentarse:

Una princesa en Berlín de Arthur R. G. Solmssen. Novela histórica fácil de leer que retrata la Alemania de los años 20, tras la primera guerra mundial y la situación que derivó en el ascenso de Hitler.

Adios a Berlín de Christopher Isherwood. Es el libro en el que se basó la película Cabaret y trata sobre el Berlín de los primeros años 30 y la época del acceso del nazismo al poder.

Good bye, Lenin! de Wolfgang Becker. Película sobre las consecuencias personales que para muchos supuso de la caída del muro.

La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck. Filme que trata sobre la represión política en los últimos años de la RDA.

El cielo sobre Berlín, de Wim Wenders. Una visión crítica de la RFA de los años 80.

Un, dos, tres, de Billy Wilder. Divertida comedia rodada y ambientada en 1961, poco antes de la instalación del muro.


Próximo capítulo: Kreutzberg 36

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