En Donostia, jueves 11 de diciembre a las 20:00 h. Espacio Reflex. Calle Egia 24 bis, sótano.
En Irun, viernes 12 de diciembre a las 19:00 h. Kabigorri Ateneoa. Calle Peña 1

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Conocí virtualmente a Alejandra hace ya unos cuantos años en la extinta Comunidad de blogs del diario El País. Su bitácora desgranaba aventuras y desventuras con conocidos (conocidísimos) cantautores en sus giras mexicanas. Ella había sido ayudante, road manager, paño de lágrimas, grupie… o algo parecido —no recuerdo bien— de músicos de voz y alma en pena vagando por la tierra azteca. Pero un día se acabaron las anécdotas, o se cansó o se aburrió, y tuvo que encontrar una nueva vía para seguir alimentando la página en blanco.

Por lo visto —no lo recuerdo, lo digo porque lo cuenta ella— en una de esas conversaciones que manteníamos a varias bandas, y supongo que hablando de escritura, le propuse un reto: a ver si era capaz de escribir una historia con una sola palabra. Y nació esto:

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Cherry’s Club

(Lunes, 5:23 a.m.)

¿Bailas?

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Alguno dirá que ahí hay más de una palabra. No es cierto, lo que hay de más es un título más extenso que el contenido, pero no importa. Lo que importa es que, con mi intervención o sin ella, nació la autora de ya tres libros originales, frescos (en todos los sentidos) divertidos y, desde luego, fáciles y difíciles de leer. Porque son historias mínimas que obligan (es un decir) a escribir mentalmente lo que falta: qué pasó antes, durante y después, quiénes son ellos y sus circunstancias, de dónde vienen, a dónde van… Son tres libros que convierten al lector en escritor.

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De haber abierto los ojos alguna vez, Sonia habría descubierto que su fantasma era tan terrenal como Paco, el vecino del 8C.

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Vamos a tener ocasión de ver y escuchar a la autora hilando historias de los tres volúmenes, creando un relato abierto, compuesto de múltiples retazos y de mucha retranca. Y vamos a poder ser también escritores por un día intentando el camino contrario: escribir sobre el papel lo que otros completarán en su imaginación.

 

KARMA

Su reencarnación no le sorprendió en absoluto: tantos años olvidados en el bar sólo podían reconvertir su alma en taburete.

Lo jodido era tener que sostener a tantos desolados culos.