Gente joven, de universidad, estudiantes de psicología, derecho, informática… junto a teatreros veteranos en edad o en experiencia, expresan su pasión por la escena participando en la Factoría de teatro del campus. Es Antzertiola, y el otro día mostraron por primera vez su nuevo trabajo, Danzad, danzad malditos. Esta es la historia en imágenes de un pequeño viaje entre Donostia y Pamplona y del trayecto hasta culminar el estreno: lluvia, nervios, espera, tensión, compañerismo, emoción.

Alguien se retrasa. ¿Tenemos todo? ¿Quién falta? Concentración, charla distendida o…

Siempre puede ocurrir que reparen en una y le den un papel en una película… Yo vengo del banquete de mi boda… Las excavadoras dieron al traste con nuestro modo de vida… Vengo del país de las maravillas y más exactamente de la unidad de psiquiatría… Busco sacarme unas pelas y ya de paso a ver si salgo en la tele…

Primeros momentos… calentamiento. Los músculos se relajan, los nervios se tensan, la mente se prepara para dejar el Yo y empezar a ser otros: Alicia, Juan, Peter, Gloria…

Estas cosas requieren un poco de tiempo para que se hagan populares, y por tanto hemos decidido atraer al público introduciendo alguna novedad. ¡Vamos, poned toda vuestra energía!

Vestuario, peluquería, maquillaje, el segundo paso de la transformación en personaje: de la interiorización a la imagen externa y, con ella, al interior de nuevo. Ana, Robert, Florian…

Y el momento antes de que se apague la sala y se enciendan los focos, bollería industrial, calorías. Últimas indicaciones de la directora. Todos juntos, ánimo. ¡Mucha mierda!

Dicen que el secreto para ganar en un concurso de este tipo es perfeccionar un sistema para los diez minutos de descanso: aprender a comer un bocadillo mientras te afeitas, leer el periódico en pleno baile, e ingeniárselas para dormir sobre el hombro de la pareja.

Comienza la función… Danzad, danzad malditos.

Todas las noches ofreceremos una carrera. Y cada noche todos los concursantes correrán durante quince minutos. La última pareja de cada sesión quedará eliminada. Garantizo que esto atraerá al público.

Llega el final, todo se relaja. Alguna teoría del teatro dice que el estruendo de los aplausos sirve para despertar al actor de su sueño y que vuelva a ser Él mismo. Si no fuera por ellos, se quedaría para siempre en el personaje. Otros piensan que es a los espectadores a los que sacan de la ensoñación para que puedan volver a sus cotidianas vidas.